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La Red de Paz Interior

  • Writer: Alex Guerrero
    Alex Guerrero
  • 13 hours ago
  • 2 min read

¿Alguna vez has sentido que un lugar te "reconoce" y te regala su silencio?


La red de paz interior no entiende de religiones ni de fronteras. Photo by Keegan Houser on Unsplash
La red de paz interior no entiende de religiones ni de fronteras. Photo by Keegan Houser on Unsplash


Hace unos años, escribí sobre un peñasco olvidado en una finca de la República Dominicana. Era una roca ruda y de superficie polvorienta, pero tenía un poder extraordinario: en cuanto me sentaba en ella, los ruidos del mundo moderno bajaban su volumen hasta extinguirse. Aquella "Roca del Silencio" fue mi primera ancla, el lugar donde aprendí que la paz no es un lujo, sino una necesidad vital.


Con el tiempo y los viajes, he descubierto que esa roca no era un fenómeno aislado. Existe una red invisible que conecta ciertos puntos del planeta; una malla de nodos sagrados que irradian una energía capaz de sosegar el espíritu más inquieto. No importa la latitud ni la arquitectura: puede ser un peñasco en Santo Domingo, la simetría verde de los Jardines de Luxemburgo en París o la majestuosa penumbra de la Mezquita Nueva en Estambul.


Lo fascinante de esta red es que uno no suele encontrar estos lugares buscándolos con un mapa. Más bien, ellos te encuentran.


En los Jardines de Luxemburgo, por ejemplo, la paz no vino solo de los árboles, sino de una armonía colectiva. Me sorprendió ver a cientos de personas compartiendo el espacio en un silencio respetuoso; una elegancia social donde el disfrute propio no pasaba por encima de la tranquilidad del vecino. Allí, la paz era un pacto silencioso de educación.


En Estambul, la red me atrajo hacia la Mezquita Nueva (Yeni Cami). Mi esposa y yo veníamos del caos sensorial y los aromas intensos del Bazar de las Especias. Al cruzar el umbral de la mezquita, nos envolvió un vacío fértil. No había multitudes. Nos sentamos en un rincón, dejando el celular en el bolsillo, renunciando a la urgencia de la fotografía para simplemente observar.


Eran pasadas las doce del mediodía. Observamos a hombres y mujeres que, en su hora de almuerzo, acudían a practicar su fe. Había algo profundamente conmovedor en el ritual del wudu: el agua corriente lavando manos, rostro y pies; una purificación física que preparaba el terreno para la pausa espiritual antes de volver al fragor de la jornada laboral. En ese rincón de Turquía, el pulso de la red de paz era casi tangible.


Sin embargo, esta conexión es caprichosa y profundamente personal. He visitado templos milenarios y monasterios en Japón —lugares que, sobre el papel, deberían ser el epicentro de la calma— y, sin embargo, nunca sentí que estuvieran conectados a mi red. A veces, la arquitectura del lugar no coincide con la frecuencia de nuestra alma.


La red de paz interior no entiende de religiones ni de fronteras, sino de momentos de presencia absoluta. Hoy sigo caminando, atento a los "toques en la ventana" de la vida, preguntándome en qué rincón inesperado del mundo se activará el próximo nodo de mi red.


¿Y tú? ¿Has sentido alguna vez que un lugar te reconoce y te regala su silencio?

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Alex Guerrero es un creador de contenido que vive en Lawrence, Kansas. Expresa abiertamente su descontento con la pizza de piña. ¡El chocolate, en cambio, lo hace todo mejor!



 
 
 

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